
Uno de los juegos más populares en la infancia es el del escondite.
Las reglas del juego que te explican cuando eres niño son sencillas:
- El que "la liga" se coloca cara a la pared tapándose los ojos y cuenta en voz alta hasta 10, mientras los demás jugadores salen corriendo y se esconden.
- Cuando el que "la liga" termina de contar dice "Que voy" y comienza a buscar a los que están escondidos. Al encontrar a uno dice "por ... que está detrás de ..." y así hasta que encuentra a todos.
- Los jugadores que consiguen esconderse más tiempo sin ser encontrados son los que ganan.
Pero cuando eres niño no te explican correctamente todas las reglas del juego, porque existen dos reglas que nadie te cuenta. Las tienes que aprendes por ti mismo, de forma traumática, cuando te sientes abandonado.
- No hay que esconderse si nadie está dispuesto a buscarte.
- No hay que esconderse demasiado bien, porque sino los demás dejan de buscarte y te abandonan.
Después llegas al colegio y te informan de las reglas que rigen allí. Y te cuentan que los alumnos que demuestren haber obtenido mayores conocimientos serán considerados y reconocidos como los mejores.
Y como sigues siendo ingenuo vuelves a picar, y a creer que simplemente hay que seguir las reglas. Por eso siempre que la
"profe" hace una pregunta y tú sabes la respuesta ... contestas, pues nadie te informa que no hay que contestar demasiado bien ni contestar bien demasiadas veces, porque sino tus compañeros te abandonan y a la
"profe" posiblemente no le caerás simpático.
Después al pasar los años te conviertes en un adulto y con suerte ejerces una profesión. Entras en una empresa y firmas un contrato donde te informan de las reglas. Te contratamos y pagamos para que hagas tu trabajo lo mejor que sepas y de la manera más eficiente posible.
Y como muy a menudo la ingenuidad no se cura con la edad.. vuelves a picar. Como nadie te informa que no tienes que hacer las cosas demasiado bien ni hacerlas bien demasiadas veces ... todo el mundo te abandona y al jefe no le caes simpático.
Quizás estoy revelando un secreto ancestral, reservado por los dioses únicamente a los iniciados, pero como no tengo a que temer pues ya vivo en el infierno castigado a una maldición eterna, recordar:
- No hay que esconderse si nadie está dispuesto a buscarte.
- No hay que esconderse demasiado bien, porque sino los demás dejan de buscarte y te abandonan.
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"Miradas de Paki"