jueves, abril 03, 2008

El Buitre

Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.




El otro día le dije al buitre que no se preocupara, que en realidad ya me he acostumbrado a que me desgarre los pies... ahora me siento muy mal por haberlo hecho... él no dijo nada pero torció la cabeza de forma ostentosa... creo que esta es la principal razón por la que he vuelto a coger la bicicleta.



fotografía de J.M. Carbajo

6 Comentarios:

antonio dijo ...

Cuando se despidió, en realidad creo que nunca lo hizo, me dijo que esperara a escuchar el timbre de su bicicleta en el campo de Marte, donde la Tierra separaba la frontera junto a las estrellas.

Muchas noches inventé cuentos esperando que volviera, me deshice las manos esperando el milagro de oir un sonido metálico cerca del corazón y al final, ley de la vida, mi atención se centró en otros sonidos, pasos, versos, miradas, gestos...

Escuché después muchas cosas; pasos de gente, personas, rumores invisibles, leyes y promesas, besos furtivos y otros deseos restallando al pie de proscenio, junto al viejo muro que ayer nos separara. Supongo que al final, los dos olvidamos aquel viejo pacto que, guardado en el corazón de la noche, quizá nunca nada tuviera que ver con nosotros.

Nunca guardé rencor por eso, ni esperé otra cosa que no fuera mía. Al final, creo que quedé sordo y sin tiempo. Aún hoy, algún día, creo recordar el viejo aullido de su silencio.

am dijo ...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Telémaco dijo ...

antonio disculpa la tardanza. He vuelto en bicicleta y es jodido pedalear con los pies desgarrados.

Me ha encantado tu continuación, incluso la que te has autocensurado (¿porqué?). Pero tengo una pequeña duda: ¿a quién esperabas?... ¿al buitre o al viandante?

Lula Towanda dijo ...

A la rata TAMPOCO la han ascendido en esta reorga, más bien lo contrario.

anton dijo ...

Me he autocensurado porque, después de todos desastres, no estoy en intervención y no quiero (no creo que deba) participar tanto. Aunque tu Blog es diferente. Decía que fenómenos, pero sobraba el último párrafo de ambos cuentos.

La historia me ha recordado que los buitres sólo acuden a los cuerpos de los muertos, o casi, como las hienas y los animales carroñeros que son. También podría darte ejemplos contradictorios de esto, intervivos.
Ya Extremoduro cantaba;
"Desde que tú no me quieres,
yo quiero a los animales
y al animal que más quiero,
es al buitre carroñero
En Monfrague buitres negros"
Luego seguía; "Extremadura, tus mujeres me la ponen.. etc..)


No sé que esperaba, creo que al viandante subido en una biciclieta como antaño, aunque en realidad esperaba escuchar, como quedamos hace 25 años, el sonido del timbre para empezar alguna Missión;
Aunque te hayas destrozado los pies por volar a ras del suelo, supongo que hemos venido. Te lo agradezco y te animo a seguir escribiendo.

A la rata de Lula la encontré en Carnavales, para hacer un trío, justo antes de que me llamaran. Fuese, y no hubo nada.

Un abrazo y mis mejores desoes :)
Antonio

Telémaco dijo ...

antonio este blog sin tus intervenciones quizá sería pasto de los buitres.

Lula no te fíes, a veces se hacen las muertas para que te acerques sin miedo.