miércoles, marzo 07, 2007

Loca Academia de Lagado

Gulliver visitó, en la ciudad de Lagado, una academia de inventores extraordinarios. La cuna de la necedad humana, el reino del absurdo total.

Allí, uno de los inventores llevaba ocho años intentando sacar sol de los pepinos, otro se empeñaba en reciclar los excrementos para sacar de ellos el alimento original y un ciego de nacimiento se afanaba en realizar con sus discípulos, ciegos como él, mezclas de color para los pintores.

Para aprender los teoremas matemáticos los escribían en obleas utilizando tinta cefálica y se las comían (no funcionaba pero seguían intentándolo).

Pero lo más absurdo de toda la academia era la Escuela de Planificadores Políticos:

En la escuela de arbitristas políticos pasé mal rato. Los profesores parecían, a mi juicio, haber perdido el suyo; era una escena que me pone triste siempre que la recuerdo. Aquellas pobres gentes presentaban planes para persuadir a los monarcas de que escogieran los favoritos en razón de su sabiduría, capacidad y virtud; enseñaran a los ministros a consultar el bien común; recompensaran el mérito, las grandes aptitudes y los servicios eminentes; instruyeran a los príncipes en el conocimiento de que su verdadero interés es aquel que se asienta sobre los mismos cimientos que el de su pueblo; escogieran para los empleos a las personas capacitadas para desempeñarlos; con otras extrañas imposibles quimeras que nunca pasaron por cabeza humana, y confirmaron mi vieja observación de que no hay cosa tan irracional y extravagante que no haya sido sostenida como verdad alguna vez por un filósofo.


3 Comentarios:

Lula Towanda dijo ...

Va a ser que esto viene de antiguo...

Muxfin dijo ...

El clasificar a Gulliver como libro infantil es la venganza de los que criticó.
En la descripción de los abogados, esta "sembrao". (Los viajes de Guliver parte IV Capítulo V)

Telémaco dijo ...

lula me temo que si, porque eso hace perder esperanzas de que exista una solución.

muxfin es un libro que todos deberíamos releer cuando seamos maduros. ¡A mi me queda poco!