
Hubo un tiempo en que el Tártaro
no era tan mal sitio para vivir.
En aquel entonces los dioses no estaban metidos en los despachos, sabían lo que hacían y como gestionar este lugar. Es cierto que no sabían de todo, pero conscientes de sus carencias contrataban expertos en los que apoyarse en los temas que no dominaban.
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Lo importante es rodearse de los mejores", era una de las frases que más se les oía decir. Se concentraban obsesivamente en aumentar aquello que llamaban el "
Know How", se robaban unos a otros a los mejores profesionales y una de sus mayores temores era perder a la gente valiosa.
Pero entonces... llegaron los vendedores de siglas.
Llegaban preguntando por los dioses y les deslumbraron con su argot repleto de siglas y mensajes herméticos sólo comprensible para iniciados.
Les hablaron de
CIM, de desarrollar
SCADAS y sistemas expertos de
AI, para convencerles de que el Tártaro sólo podría sobrevivir si adquiría un buen puñado de ordenadores y herramientas de programación.
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No hay mucho tiempo para pensar porque el mundo cambia con una velocidad vertiginosa, y si se pierde el tren de la modernidad nunca más es posible alcanzarlo", repetían insistentemente. Quizás por eso lo dioses decidieron confiar en ellos sin consultar a sus expertos profesionales.
Pero antes de que ni siquiera hubiésemos terminado de configurar los switches de la tarjeta gráfica Hércules y la ampliación de memoria de 512Kb, los vendedores de siglas volvieron y convencieron a los dioses que era imprescindible cambiar a
VGA y que un ordenador sin bus
MC (microchannel) no servía para nada.
No tardaron mucho en regresar y reunirse con los dioses para comunicarles que estábamos nuevamente en peligro de quedar obsoletos, porque ahora lo que de verdad era imprescindible era cambiar de nuevo el sistema operativo, implantar
JIT,
KANBAN, migrar todo el software e integrarlo en un
ERP. Y así fue como consiguieron que renovásemos una vez más ordenadores, sistemas operativos y herramientas de programación.
Cuentan que una vez uno de los mejores expertos del inframundo, intento alertar a los dioses de que no veía claro como se iban a amortizar esas fuertes inversiones y continuos cambios. Si al fin y al cabo en el Tártaro seguíamos haciendo lo mismo y de la misma manera. Pero los vendedores de siglas reaccionaron rápidamente. Le acusaron de reaccionario y de haber quedado completamente obsoleto.
Y la misma estrategia siguieron con todos los expertos, ... excepto con aquellos recién llegados que vieron una gran oportunidad para coger un atajo y quitarse del medio a toda la competencia hacia la cumbre. Se aliaron con los vendedores de siglas y convencieron a los dioses de que la gente de la que se habían rodeado y de los que estaban tan orgullosos, se habían quedado tan anticuados, que en realidad ya no eran más que un lastre.
Pasado el tiempo los dioses empezaron a observar preocupados que habían perdido el "know how", pero entonces los vendedores de siglas vieron una nueva oportunidad de negocio e inventaron las consultorías externas. El Tártaro se lleno de "juventud" y "modernidad". Que en su inmensa mayoría no eran más que semiesclavos recién licenciados a los que no se exigía otra cosa, además de vestir traje y corbata, que memorizar la lista de siglas de última moda.
(1)Los dioses cada vez estaban más preocupados, habían perdido el rumbo y se daban cuenta de ello. Comenzaron a dirigir el Tártaro a volantazos, porque habían traicionado a su tripulación y está se había ido o les había vuelto la espalda.
Y entonces los vendedores de siglas tuvieron una idea genial, comenzaron a venderles a los dioses libros infantiles a los que cambiaban la portada para hacerles creer que eran libros de dirección y gestión de empresas.....
...pero esa es otra historia que no tengo tiempo de contar porque se me acaba de caer nuevamente la piedra (¡Que por fin es viernes!).
(2)
(1) No todos los consultores externos son así, algunos son realmente sabios, algunos son incluso artesanos. Pero cuando alguno de ellos llega al Tártaro, tal y como es hoy en día ... sale corriendo como si se le fuese a llevar el alma el diablo (y sus temores son totalmente justificados)
(2) Perdón por el ladrillazo. ¡Hoy necesitaba desahogarme!.